La Ronda #13: nuestro bar preferido

Ya van algunos meses que la Ronda se salva por los pelos. Y este mes la ha salvado Catador, desde su (renovado) blog. El título de la Ronda lo dice todo: Nuestro bar preferido

Todos tenemos un, aunque quizás unos, bar preferido. Donde sabemos que va a haber buena cerveza, buen ambiente, incluso puede que hasta nos conozcan. La idea de ésta Ronda es hablar un poco de ese bar

Bueno, me temo que este post va a ser corto. Yo me sumo a la amarga queja realizada por Iker, desde Cervecerías de España. Lamentablemente, incluso en una ciudad grande como Valencia -la tercera en número de habitantes de España- es muy difícil encontrar lugares amigos de la cerveza. Y con esto me refiero a bares onde la rotación de cervezas sea habitual, donde se encuentren ocasionalmente rarezas o donde se cuide con esmero la selección de grifos. No digamos ya la educación cervecera de los parroquianos.


Si tengo que elegir un lugar preferido, éste es la Cervecería Comic (Plaza de Honduras). En ella, todas sus paredes son expositores de coleccionismo, donde Javier Brotóns Belenguer acumula botellas de cerveza, posavasos y páginas de cómics antiguos. Al tiempo que uno disfruta del ambiente, puede meterse entre pecho y espalda alguna de sus brascadas, hamburguesas completas o los famosos chivitos de ciervo. Están todos buenísimos.

La carta cervecera está plagada de cervezas belgas, con la incursión de algunas alemanas. Tendrá alrededor de 40-60 referencias. El problema es que, en todos los años en los que llevamos acudiendo, no ha cambiado la más mínimo. Excepto por algunas sustituciones forzadas -Belli-bock por Spaten, creo, y poco más-. El problema del problema es que tampoco hay una demanda generalizada de nuevas cervezas, y verdaderamente, ya les va muy bien con los bocadillos.

Entre las cervezas que podemos probar en el Comic se encuentran las archiconocidas Chimay, La Trappe, Schneider Weisse, Franziskaner... pero también se puede probar una Berliner Weisse con sus siropes, una Samichlaus o una Eku 28, para quien guste de emociones fuertes con el postre. En grifos tienen ahora mismo uno de Foster's y otro de Newcastle Brown Ale. Los precios, por cierto, son ajustados: pocas cervezas pasan de los 4 euros.

El resto de Valencia tira del catálogo de la Bierwinkel, dominado por las John (Anthony) Martin's. Lo que se encuentra en el almacén es lo que se encontrará en las distintas cervecerías de la ciudad que quieran presumir de birras. Lo malo es que por ello se me pierde la sorpresa.

Situados en los alrededores de la Plaza del Cedro, en Valencia, podemos realizar una pequeña ruta cervecera. El Asesino es uno de nuestros lugares preferidos. Porque las Voll-Damms salen bien de precio por la tarde (2.10) y porque tienen una Paulaner de barril que tiran de lujo. Es sin duda, el lugar con mejor gusto musical. Porque coincide con el mío, claro está. En El Asesino puede sonar Dusminguet, Fermín Muguruza o Rammstein... y todo el rock español de los 90, faltaría más.

Más punky es El cubata de hojalata, si no le asustan sus parroquianos. Trae cervezas del mismo catálogo que la Bierwinkel, lo cual no es extraño, porque el importador tiene su sede a escasos metros. Ahora tienen en botella Weihenstephanen Vitus y Korbinian, y las estupendas Blackwych y Hobgoblin. Además, mantienen siempre Barbar, Duvel y algunas más. Los precios también son buenos. De hecho, creo las cervezas de medio litro bávaras no alcanzan los 4 euros.

En la misma Plaza del Cedro se encuentra también Edimburgo, que empezó con bastantes ganas cerveceras, pero que ha descubierto que la Spaten a un par de euros vende más. En él probé por primera vez la Anchor Liberty Ale y las Charles Quint (blonde y dubbel). Tiene -o tenía- las tres Chimay y también mi amada Tripel Karmeliet. Pero los precios son más elevados. Por cierto, que aquí me han llegado a servir esta cerveza... ¡sin vaso!. Fallo de una camarera indolente.

Y, aunque no destaca por las cervezas, no quiero dejar de citar El Lola, que es donde vamos muchas tardes. Porque te ponen un plato de frutos secos y porque la Voll-Damm está al precio más barato de la zona: 2 euros. Tiene Guinness de grifo, pero, mira, como que no.

En fin, hay muchos locales con cervezas en Valencia. El problema es que hay pocos que giren en torno a la cerveza. Es una lástima, porque creo que en la ciudad sí que hay espacio para un local de este tipo, donde realizar catas, proponer maridajes y degustar, en compañía de los dueños, nuevas adquisiciones. Pero sigo buscando.

Y me despido no sin la intención declarada de invitar a la siguiente Ronda. Hasta este mes he estado muy liado por asuntos de estudios, y hoy mismo marcho para un congreso en Estoril. Pero el mes que viene finalizo mi -largo y pesado- máster. Y espero invitarles a todos para celebrarlo. ¡Nos vemos!

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De anuncios de cerveza y gracia

Yo soy el plasta que les dará la murga con el tema de que los anuncios de cerveza me parecen machistas. Y el caso es que lo entiendo, entiendo que lo sean, si ser machista consiste en ir dirigido a un público masculino y echar mano de tópicos y guiños cansinos. Cuando no de culos y tetas. Pero que lo entienda no significa que me parezca bien, ni que lo disculpe.

Lo entiendo porque lo cierto es que el consumo de cerveza es mayor en hombres que en mujeres y porque tengo claro que los empresarios cerveceros, que tontos no son, tienen perfectamente estudiado cual es el target así como qué cosas funcionan a la hora de vender una cerveza. Y no seré yo quien critique las ganas de ganar pasta.

Les pongo un ejemplo de lo que me molesta: el anuncio de Guiness Compártela con un amigo que seguro que han visto. Les voy a fastidiar la gracia: se supone que entre dos machotes se están follando a una chica/mesa y el anuncio tiene gracia porque no lo muestra. Si lo mostrara, el anuncio no tendría ni puta gracia (como anuncio de cerveza). Pero tendría gracia, por ejemplo, si tras consumar la cópula, la chavala recogiera la botella y, viendo que no queda cerveza, la estampara en el careto de los agotados sementales. Por gastarla de mesa y no dejarle nada de Guinness, por ejemplo.

Yo no soy comercial, pero sé que la ironía y la sangre también vende. Sería un anuncio cojonudo1.


Hay otros anuncios que no sé si me gustan o no. Por ejemplo, el anuncio de Heineken de la nevera enorme y los hombres y mujeres histéricos. Ellas, con zapatos, ellos, con cerveza. Ya lo publicó Malta Nostrum en su día.

Me hace gracia porque se toma a broma los estereotipos masculinos. Y los femeninos. Porque es una exageración, ¿no?. Me figuro que no hay mujeres que se ponen como locas al ver un vestidor repleto de zapatos y me figuro que no hay hombre (en su sano juicio) que se alegre al ver una nevera enorme ocupada tan sólo por Heinekens. A una temperatura helada, por lo que parece. Quizá me equivoque.

El caso es que la idea, que me parece regularcilla, ha generado otras dos ideas que superan, y mucho, a la original.

La primera viene de Bavaria, que es la competidora holandesa de Heineken. El comercial al que se le ocurrió ha optado por lo simple: ¿qué haría yo en la fiesta de los amigos de Heineken?. Pues esto:


La segunda es una muestra de buen humor y de cómo es posible saber reírse de sí mismo. Al tiempo que lo hace, pone en marcha un gesto que se asociará ya de por siempre al anuncio de la nevera de Heineken.


Les explico la gracia, enemigos de la lengua de Chéspir. El joven pide al paleta una walk-in fridge una nevera en la que se pueda entrar. Lo que obtiene, sin embargo es una walking fridge: una nevera que anda. Lo cual es aún más fascinante y genera la reacción adecuada en los compañeros del mozo. Ahora hagan la prueba mental: si tras hacer entrada el frigorífico apareciera la chica/mesa y les rompiera la jeta a los colegas a botellazos de Guinness, el anuncio ya no tendría gracia. Esto sucede porque el anuncio ya tiene gracia por sí sólo.

Lo que demuestra que se puede ser gracioso y original en el mundo de las cervezas sin tener que ser hiriente ni recurrente. No entiendo cómo se hacen tan malos anuncios, habida cuenta el dinero que poseen las grandes empresas cerveceras. Especialmente Guinness, que se dedica a spamearme con anuncios intranscendentes de una cerveza que no bebo, quizá esperando que yo lo publique en el blog. Y a mi correo personal.

Así que ya lo sabes, Nebot, Nayra. Estoy a tu disposición como publicista de Guinness. Ideas para hacer anuncios, como ves, no me faltan.

1 ¿Y si todo el anuncio es un trampa para que los plastas a los que nos aburren los anuncios machistas protesten y enlacen el vídeo? Es una posibilidad real.

Soitu me descubrió las réplicas

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Dejad que los niños se acerquen a los ingenieros

Recientemente ha sido inaugurada una exposición tecnológica, Valencia Siglo XXI, en Valencia (era previsible). La exposición viene a cuento del centenario de la Exposición Regional de 1909, en la cual los valencianos estrenamos himno, nos hicimos un hueco en España y nos dimos a conocer internacionalmente. Dicen. El caso es que, en el marco de los actos conmemorativos, una exposición muestra lo más puntero de la investigación y desarrollo tecnológico en la universidad valenciana, principalmente.

Da la casualidad que mi empresa/grupo de investigación ha aportado a la exposición un sistema de detección de incendios (en el que he tomado parte), que, todo sea dicho, de puntero no tiene un pimiento y que funciona, mal que bien, a expensas de que los visitantes cafres no se dediquen a darle patadas y a romper antenas. Sin embargo, podemos sentirnos orgullosos de nuestra aportación porque el conjunto de la exposición oscila entre lo penoso y la caca. Lo cual no tiene nada de malo: muestra lo más puntero de la investigación y desarrollo tecnológico en la universidad valenciana. Al menos nos hemos preocupado de proporcionar carteles adicionales a los oficiales que explican de qué va la cosa.

Y no pude evitar recordar el maravilloso Deustche Museum que visité en mi escapada a Munich. Porque no sólo bebí cervezas en Munich, qué se pensaba usted.


El Deusche Museum es la visita a un museo si sólo tienen que visitar un museo en Munich. Dedicado por completo a la tecnología, cubre todas las áreas imaginables de la ingeniería, desde aeronáutica a óptica, de la geología a la astronomía. En el museo se puede contemplar un reactor de avión por dentro o ver como funciona, tal cual, un espectrómetro de masas.

En el Deutsche Museum se puede tocar todo. De hecho, es imposible no hacerlo: miles de luces, imanes, bolitas, aspiradores, se ponen en marcha en contacto con manivelas, cuerdas, poleas, que manipula es espectador. El visitante puede comprobar cómo funciona la ley de conservación del momento angular dando vueltas como un loco sobre una plataforma o puede poner en marcha un contador binario hidráulico.

En el museo hay maquetas de plataformas petrolíferas, siderurgias, telares, fábricas de papel... Se explica cómo se hace llegar el gas a las casas, la gasolina a las estaciones, la electricidad a las casas. Y paro ya de alabar, que me pierdo: el Deutsche Museum es sencillamente fabuloso.

Es una suerte que los adultos perdamos la capacidad de asombrarnos, porque, de lo contrario, estaríamos todo el día flipando. Nos es imposible imaginar siquiera el trabajo que hay detrás de todos y cada uno de los aparatos que empleamos hoy en día. Pero hacer la prueba es muy sencillo: imagine que usted, tras haber desaparecido toda la tecnología del mundo, tuviera que construir de nuevo el ordenador que está gastando. O el coche. ¿Cuanto cree que tardaría en conseguirlo?. ¿Por donde empezaría?. ¿Sabría usted siquiera construir una bicicleta de carreras?. Tendía que aprender el cálculo de estructuras para desarrollar el mejor cuadro, química necesaria para crear la aleación de metales y el cromado, física y mecánica para optimizar la transmisión del movimiento, aeronáutica para minimizar la resistencia al aire...

Estamos subidos a hombros de gigantes. La frase original se refería a la ciencia, pero creo que es mucho más exacto aplicarlo a la tecnología. Siento un gran respeto por ciencia, que me parece un regalo de la seres humanos a la humanidad. Pero la ingeniería... la ingeniería es un regalo al servicio de las personas. No basta con descubrir las leyes de la naturaleza: hay que aplicarlas, de forma eficiente, para mejorar la vida de los que nos rodean. No basta con entender la temperatura a la funde hierro: hay que fundirlo y hacerlo mejor, más ligero, más maleable. Hay que hacerlo más rápido, en mayor cantidad, a menor escala... y ese es el trabajo de los ingenieros.

Y sin embargo, al visitar el museo muniqués, lo más increíble no fue lo que contenía, sino quiénes lo visitaban. El museo estaba lleno de niños. Alemanes, en su mayoría, a diferencia del ridículo museo de la ciencia Príncipe Felipe, el cual visitan despistados turistas para encontrar que en su interior, casi todo está roto. Los niños acudían con sus familias y almorzaban en las salas sin que ningún guarda les llamara la atención. La sección estrella era, por supuesto, la de aeronáutica, en la que se podía contemplar y acceder a los aeroplanos. Pero también la cúpula de la astronomía estaba llena, y la exhibición de cristal soplado y la sala de molinos de agua (¡que funcionaban!).

Tras comprobar que a la exposición valenciana acuden, sobretodo, abuelos con mucho tiempo libre (y bien que hacen, faltaría más), no me queda sino constatar que las comparaciones son odiosas. Para la parte perdedora. No me voy a poner a pontificar acerca de la calidad del empleo español, de la miseria del sector tecnológico nacional, de cómo cualquier mindundi allegado a un cargo político -estatal, autonómico, local- puede ser nombrado a dedo y cobrar barbaridades mientras que cualquier ingeniero cobre mil euros por su primer sueldo, siempre que haya realizado prácticas en empresa malpagadas durante seis meses antes. Y de cómo todo eso acaba repercutiendo en la percepción de que los estudios no valen para nada, que es mucho mejor afiliarse a un sindicato trepa, a un partido en el poder, opositar y cobrar siempre, toda la vida, el mismo sueldo, se merezca o no. Todas las conclusiones se las dejo a ustedes.

Yo sólo quiero que los niños se acerquen a la ingeniería. No es necesario que entiendan las máquinas y procesos del Deutsche Museum. Tan sólo que se fascinen, como haría usted, como yo, ante la increíble complejidad de todo lo que nos rodea. Años después, ese niño maravillado ante un motor a reacción querrá aprender cómo funciona. Y, cuando tras mucho estudiar, lo haga, se preguntará cómo puede mejorarlo. Es inevitable: los humanos llevamos eso en los genes. Cómo puede hacer el motor más rápido, más ligero, más barato, más seguro...

Ese niño será ingeniero.

1 Una cosa mala tiene el museo: hay pocas explicaciones y las que hay, están en alemán (pocas en inglés). Se nota que el museo tiene tiempo.

Las fotos las hice yo. Soy muy malo haciendo fotos.

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Cata de ron: un cervecero infiltrado

Al final voy a tener que conceder la razón a mis amigos. Resulta que, cuanta más bebidas pruebo, mas bebidas me gustan. Porque a mí no me gustaba el ron, para nada. Para licores, me van más los secos: tequila, vodka o ginebra (sin tener grandes gustos para ellas). Pero claro, si a uno le montan una cata guiada a través de rones de alta calidad, y si le explican el proceso de fabricación, y el complejo sistema de solera con el que lo mezclan... pues así convencen a cualquiera. Y más si se acompaña con la degustación de rones como Pampero aniversario, Zacapa 23 y Zacapa XO.

Que fueran esos rones y no otros es cosa del comercial brand embassor de Diageo, al que por supuesto, le interesa vender sus marcas. De ahí que la presentación se centrara en la especial elaboración que realiza Zapaca, la destilería de ron con mayor poder en Guatemala. Sin embargo, en su presentación descubrí cosas nuevas en la elaboración del ron que no sabía y que, a renglón seguido, paso a relatar. Hasta entonces, yo sólo sabía que el ron se obtiene de algún modo de la caña de azúcar, poco más. Pero, hay mucho, mucho más.


Para empezar, la caña de azúcar no es originaria de los países centroamericanos a los que tan bien les ha ido con su cultivo. Proviene de Asia, de las regiones de Filipinas y China. Allá fue descubierta por Alejandro Magno, aunque su expansión a Europa llegaría a través de los musulmanes, quienes la trajeron primero a España. Muchos años después sería Cristóbal Colón quien, en uno de sus viajes a las Américas, la transportaría allende los mares, descubriendo que en las islas caribeñas -Cuba, Jamaica, Santo Domingo- esta planta se adaptaba realmente bien.

El comercio de azúcar fue desde entonces una actividad tremendamente lucrativa para los países involucrados, siendo un eje principal del triangulo comercial de las potencias colonizadoras. Pero no seguiremos por ahí. Lo que pronto se descubrió es que, en la extracción del azúcar de la caña, se empleaba agua caliente. Y que, tras la misma, el jugo resultante podía ser destilado para dar lugar a un licor de elevado grado, que sería popularizado por los piratas a lo largo y ancho del mundo: el ron.

Como siempre el origen del ron no está nada claro. Barbados se ha atribuido la primera destilación industrial. En cualquier caso las colonias inglesas, españolas y francesas se aplicaron con empeño en producir esta bebida, que luego sería transportada a Europa.

El proceso más común para obtener el ron (que es el original) es mediante la fermentación de la melaza. La melaza es el principal subproducto de la extracción del azúcar de caña. Tiene una consistencia densa y espesa (como la de la miel, de ahí su nombre). Para obtenerla es necesario cortar y lavar la caña, molerla y prensarla. Después se añade agua caliente. Para extraer el azúcar, la mezcla se centrifuga y se calienta aún más, para propiciar la cristalización de azúcar. Es proceso se repite hasta dos veces, obteniéndose tres grados de concentración de los azúcares, los cuales se pueden tratar por separado. El líquido 'sobrante', muy tostado, es lo que se llama melaza y, una vez fermentado, destilado y guardado, dará lugar al ron. Por ello el ron de melaza conserva los sabores tostados, a regaliz o cacao.

Sin embargo siempre hay quien, en la búsqueda de la esencia, pretende encontrar el más puro de los procesos. Y de este resulta la miel virgen, con la que se elaboran los rones agrícolas de las ex-colonias francesas -Martinica-, los rones de Guatemala y algunos de Venezuela. La miel virgen es el jugo de caña concentrado, sin haber extraído el azúcar. La miel virgen otorga al ron la acidez de fruta fresca.

La fermentación, de miel virgen o melaza, es el siguiente paso en la elaboración, y dura entre dos días y una semana, en un equilibrio entre el cuerpo de la bebida, la pesadez de la misma y el aporte que se quiera obtener de la propia caña de azúcar. La fermentación se produce entre 28 y 30 grados. Tras la fermentación, el resultante, denominado guarapo es destilado.

Aunque el proceso de destilación es distinto al del whisky (el cual mencioné hace escasamente un mes), aquí también nos encontramos con distintos resultados del mismo: cabezas, los primeros licores que asoman, corazón, los que a aparecen a mitad del proceso y colas, los que aparecen al final. Es una tarea vital determinar en qué momento y a qué altura recogeremos cabeza, corazón y colas: la pesadez de los alcoholes está en juego. Cabeza, corazón y colas deberán reposar por separado durante al menos tres años para poder formar parte de algún ron.

La bebida resultante de la destilación de la caña de azúcar sin añejamiento se denomina cachaza y es especialmente popular en Brasil y empleada en muchos cócteles. Por supuesto, se mezcla antes con agua: ¡tras la destilación el líquido tiene una concentración de alcohol entre 85º y 95º!. La guarda afina el ron, le otorga nuevas tonalidades de color y transfiere algunos sabores a vainilla y torrefactos: la mayor parte de rones envejecen en barricas de roble blanco americano quemado.

Pude parecer que tres años son pocos comparado con el tiempo de añejamiento de algunos whiskys, pero lo cierto es que las reacciones que se deben dar en la barrica suceden a mayor velocidad en el calor del trópico que en las islas inglesas. Para comparar calidades, lo justo es multiplicar por tres el tiempo del ron: así, un ron de tres años equivaldría un whisky guardado durante nueve. Al menos eso me dijeron.

La mezcla de rones puede ser extraordinariamente compleja. Al menos lo es en el caso de los rones Zacapa de alta gama. En estos emplean un sistema de solera donde las barricas de diferentes edades, hasta 4 años, se homogeneizan, y la mezcla pasa a otras barricas. Con estas otras barricas, algunas de las cuales contienen caldos de hasta ocho años se repite el proceso, guardando la mezcla resultante. De este modo, el destilado pasa por barricas que contuvieron bourbon, barricas quemadas, barricas de Jerez (sherry), barricas de Pedro Ximenez y finalmente barricas de roble francés. El resultante es tremendamente complejo: su edad mínima es de 8 años y la máxima de 25, para el Zacapa XO.

En cuanto a la cata, impresionante. Aunque Pampero Aniversario me pareció un buen ron (por más que sé poco del tema), no tenía nada que ver con los siguientes. Zacapa 23 se notaba con aroma a canela y a pastel de mazna. Un poco después se notaba más ahumado y pasificado. En boca era muy fresco y dulce, con una acidez notable. Al final se notaba un amargor un poco chocolateado.

Zacapa XO era más estructurado y cálido, para tomar reposado. Especiado (pimienta) dejaba luego paso a sabores más dulces y golosos: miel, caramelo y un amargor de piel de naranja. En boca es untuoso y llena por completo, sin que el alcohol se imponga. Es un ron buenísimo, pero prefiero el 23, que en un vaso frío tiene que estar de muerte.

En resumen. Sale a cuenta ofrecer una cata de buen ron. Si se hace bien y se transmite la pasión por la bebida, el dinero invertido en las copas de los asistentes se recuperará de sobra. Yo al menos, confío en volver a probar estas bebidas (y muchas nuevas en un futuro).

Y atención, amigos: la próxima cata en el Club de Enófilos es... ¡de cervezas!. Tienen otro post asegurado.

Cata (y explicación) a cargo de Diageo, importador de bebidas.
Ron en la wikipedia inglesa.
Origen de la foto

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